He bajado de edad, me he puesto en altura minima indispensable, he comprado mandarinas y los he servido en 2 platos uno al frente del otro, he fingido que me olvido de mi nombre para que me lo repitas siempre, y a veces juego con las mandarinas : “mira atrás papá, hay un animal grande y enorme” – volteabas y yo agarraba mandarinas de tu plato, tu reias, yo jugaba, y el comedor acurrucaba la mirada de ternura de mi madre que suspiraba ilusiones y fantasias. “ hijo mira un animal grande y feo que te quiere asustar” y yo volteaba y tu comias de tu propio plato para que yo tuviera más.
Una noche de guitarras??? Tu prende la chimenea, mama que traiga los dulces y yo toco: allá en el rancho grande, en do menor…pero menor de sonidos, y la sala era fiel testigo de noches entre gallos, guitarras y “ya julito es tiempo de dormir, son las 7 de la noche ……..”
Ahora me duermo y ya no hay nadie que me advierta de la hora, mi madre va perdiendo la mirada de ilusiones y fantasias porque ya la edad le pesa 2 siglos, la sala ha perdido hogar, y el hogar ha perdido a sus habitantes, las mandarinas pierden su sabor, mientras que el comedor se va borrando de mi memoria. Y tu que solo estas cuando quieres aparecer ya no me robas mas mandarinas, ni me asustas con un animal feo que me quiera comer